Nací en Buenos Aires, Argentina, en el seno de una familia comerciante del barrio de Once; un barrio donde distintas comunidades inmigrantes expresan su identidad a través del comercio. En este universo caótico y vibrante desarrollé una mirada sensible hacia los objetos y las historias que estos contienen.
Me formé y trabajé como diseñadora de Indumentaria pero con el tiempo decidí alejarme de la lógica urgente y estacional de la moda para reencontrarme con el acto lúdico y sensible de crear desde un lugar más íntimo y personal. En el marco de la investigación de la tecnología 3D, mis joyas nacen de la precisión del mundo digital y de la sensibilidad del oficio artesanal en una práctica que revaloriza lo manual y lo proyecta hacia nuevas posibilidades.
Mi imaginario estético tiene mucho que ver con el culto a la ornamentación del siglo XVIII y XIX. Me atrae el ornamento como gesto de un ritual íntimo y femenino; la escena histórica, imaginada de una mujer vistiéndose frente a un espejo, rodeada de objetos preciosos que no responden a una función, sino al deseo de embellecerse. Y al mismo tiempo me atrae el sintetismo propio de la Bauhaus que prioriza las líneas y formas geométricas y rechaza cualquier tipo de ornamento. Entre esas dos extremos —lo ornamental y lo sintético— construyo mi lenguaje. Voy y vengo entre la opulencia y el minimalismo. Es en ese espacio intermedio, en esa tensión de extremos, es donde encuentro el lenguaje de mis piezas: uno que no responde a ninguna época ni a ninguna técnica, sino al deseo de construir algo propio.